Desde su fundación, la Ciudad de México ha sido el principal escenario de los acontecimientos nacionales.
Esta gran ciudad fue, es, y seguirá siendo el corazón político de México. Su espíritu de grandeza le ha permitido sobrevivir ante la infamia, la omnipresente desigualdad, las asonadas, el autoritarismo, las crisis económicas, las inundaciones, las epidemias, los temblores y otras desgracias y calamidades.
Parece que se cumple la profecía indígena, según la cual: “en tanto permanezca el mundo, no acabará la fama y la gloria de México-Tenochtitlan”.
Además, los habitantes del Distrito Federal poseen una sólida tradición de lucha por la democracia, la justicia y la solidaridad. Se cuenta con enormes potencialidades: los más altos niveles de escolaridad del país y los principales centros culturales, turísticos, financieros y administrativos de México. Aquí se produce el 23 por ciento de toda la riqueza que se genera en el país.
Como ha quedado demostrado, si los propósitos son claros y el trabajo de las autoridades es eficaz, honesto y comprometido, la gente de la Ciudad responde, participa y apoya.
Sin embargo, los ciudadanos del Distrito Federal no han alcanzado derechos políticos plenos. Hasta ahora las reformas sólo les han permitido elegir a sus autoridades, pero carecen de la autonomía en su régimen interior de gobierno.
Por eso, en adelante, con el triunfo de nuestro movimiento, no habrá obstáculos para que los habitantes del Distrito Federal se den su propia Constitución, tengan plenos derechos políticos y exista certidumbre en las relaciones de la Ciudad y su gobierno con los poderes de la Federación.
Atrás van a quedar los tiempos en que el Presidente ponía o quitaba autoridades en el Distrito Federal, con el afán de control o de manipulación política.
El gobierno federal no abandonará la Ciudad, ni pondrá obstáculos al desempeño del gobierno de la capital. Por el contrario, habrá una relación de respeto y colaboración, se abrirán los cauces de la participación ciudadana, se sumarán esfuerzos y voluntades y trabajaremos juntos en beneficio de la gente.
Ha llegado el momento de iniciar una etapa de relaciones justas y democráticas entre el Gobierno Federal y los habitantes de la Ciudad de México, por ello, frente a ustedes, me comprometo a cumplir, al llegar a la Presidencia de la República, los siguientes compromisos:
Empezaremos a pagar la deuda que tenemos con los pueblos y comunidades indígenas. Se combatirá la discriminación y la pobreza. Reconoceremos los derechos de los pueblos indígenas y se cumplirán los acuerdos de San Andrés Larráinzar.
Impulsaremos la Reforma Política del Distrito Federal y promoveremos la constitución del estado número treinta y dos de la República Mexicana. Los habitantes del Distrito Federal tenemos derecho a contar con un estado libre y soberano, con los mismos derechos y obligaciones del resto de los estados del país.
Ayudaremos al gobierno de la Ciudad para continuar con la política de desarrollo social y fortalecer los programas de apoyo a los adultos mayores, a las personas con discapacidad, la atención médica y los medicamentos gratuitos para la gente pobre que no tiene seguridad social, las becas para hijos de madres solteras, los desayunos escolares, la entrega gratuita de libros de texto y los útiles escolares en las escuelas públicas, el programa de construcción de vivienda para la gente humilde, los créditos para el autoempleo, el apoyo a ejidatarios y comuneros por mantener las áreas de conservación y por los servicios ambientales que prestan en el desarrollo sustentable de la Ciudad y todas las acciones destinadas a mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la mayoría de la población.
Garantizaremos que el aumento al salario mínimo esté por encima de la inflación.
Daremos certidumbre a los fondos de pensiones y revisaremos la edad de jubilación, sin afectar los derechos adquiridos por los trabajadores.
Mejoraremos la atención médica en el IMSS y el ISSSTE y no habrá servicios médicos particulares para servidores públicos.
Daremos prioridad a la educación pública, gratuita y de calidad en todos los niveles escolares. El compromiso es que nadie se quede sin oportunidad de estudiar y que no importe la condición económica o social de la familia. En especial apoyaremos a nuestra máxima casa de estudios, la Universidad Nacional Autónoma de México, al Instituto Politécnico Nacional, a la Universidad Autónoma Metropolitana y a la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. También nos comprometemos a impulsar la investigación científica y el desarrollo tecnológico.
De manera especial, me comprometo a impulsar las actividades artísticas y culturales de la Ciudad y del país. La cultura es nuestra fuerza y nuestra principal señal de identidad. Por eso, su preservación y fomento, tendrá el sitio que le corresponde. No se verá como una cuestión secundaria y los recursos que se destinen a ella, significarán una inversión que contribuirá, de modo decisivo, al bienestar nacional. Aprovecho para hacerle un llamado a intelectuales, artistas y trabajadores de la cultura, para elaborar el proyecto cultural del próximo gobierno, el cual va a ser ejecutado por los mismos creadores e interesados en la actividad cultural.
Trabajaremos con el gobierno de la Ciudad para continuar con el rescate del Centro Histórico y hago el compromiso de que el próximo Presidente de la República, vivirá y despachará en el Palacio Nacional.
Cumpliremos el compromiso de transferir los servicios de educación básica al Gobierno del Distrito Federal. Mientras esto suceda, el nombramiento del Coordinador de la Secretaría de Educación Pública en el Distrito Federal, se hará a propuesta del Jefe de Gobierno.
Fomentaremos la práctica del deporte, tanto en su vertiente de esparcimiento y salud, como en la de alto rendimiento.
Conjuntamente con los gobiernos del Distrito Federal y del Estado de México, buscaremos nuevas fuentes de suministro de agua potable que permitan evitar la sobreexplotación del acuífero y daremos solución al tratamiento de las aguas residuales de la Ciudad de México.
Trabajaremos conjuntamente con los gobiernos del Distrito Federal y del Estado de México, para dar solución a problemas de agua, drenaje, medio ambiente, basura, vivienda, transporte y seguridad, en la zona conurbada.
Apoyaremos a la iniciativa privada para la creación de nuevas empresas y la generación de empleos.
Construiremos conjuntamente con el Gobierno del Distrito Federal la continuación de la vialidad elevada “segundo piso”, en específico los tramos comprendidos entre Av. San Antonio – Toreo y Río Becerra - Viaducto Río de la Piedad - Ignacio Zaragoza. La realización de esta obra generará muchos empleos.
Apoyaremos al Gobierno de la Ciudad en los planes de ampliación de las vías del Metro y del Metrobús.
Mejoraremos las vías de comunicación. En específico, pondremos en funcionamiento un ferrocarril moderno o tren bala desde la capital del país hasta la frontera con Estados Unidos. Además, esta obra generará muchos empleos.
Construiremos un nuevo aeropuerto internacional alterno al de la Ciudad de México en Tizayuca, Hidalgo, lo conectaremos con la operación de un tren moderno y rápido, así como con la ampliación de vías de comunicación desde diversos puntos de la Ciudad.
Impulsaremos la actividad turística en la Ciudad de México, así como el ecoturismo dentro de las áreas de conservación en el Sur y el Poniente de la Ciudad.
Bajaremos los precios de la energía eléctrica, del gas y de las gasolinas.
Respetaremos la libertad de expresión y credos religiosos. Estamos a favor del diálogo, la tolerancia, la pluralidad, la equidad, la diversidad, la transparencia y los derechos humanos.
Garantizaremos la tranquilidad y la seguridad pública. No permitiremos que se asocie la delincuencia con la autoridad y no protegeremos a una banda y castigaremos a otra, sino aplicaremos la ley por parejo. Impulsaremos las reformas para que las fuerzas armadas tengan mayores facultades en el combate al crimen organizado y al narcotráfico, pero nunca más el Ejército será utilizado para reprimir al pueblo de México.
En coordinación con los gobiernos del Distrito Federal y del Estado de México combatiremos decididamente al narcomenudeo que tanto afecta la convivencia familiar, el tejido social y, sobre todo, a los jóvenes involucrados.
Convertiremos a los 45 Consulados que México tiene en Estados Unidos, en procuradurías para la defensa de los mexicanos que viven y trabajan en los Estados Unidos, para protegerlos del maltrato, la discriminación y la violación de sus derechos humanos.
No se aumentarán los impuestos, en términos reales, ni se cobrará el IVA en medicamentos y alimentos.
Simplificaremos el pago de impuestos, bastará con la autodeclaración de ingresos y el pago de la tasa correspondiente.
Amigas y amigos:
Siempre he sostenido que la política necesita de ideas, porque si no sabemos de dónde venimos, difícilmente sabremos a dónde vamos.
Por eso, no está de más repasar nuestro ideario. Decir que nos inspiramos en lo mejor de nuestra historia nacional, que recogemos el ideal igualitario de José María Morelos, que demandaba el aumento del salario del peón y la moderación de la indigencia y la opulencia.
Han pasado cerca de 200 años desde que Morelos dio a conocer ese célebre documento de los Sentimientos de la Nación. Y hoy, para vergüenza de todos, padecemos de más desigualdad que en aquel entonces. Una minoría lo tiene todo y millones de mexicanos carecen hasta de lo más indispensable.
También nos inspiramos en la sobriedad, la austeridad y la firmeza de los principios republicanos de Benito Juárez. Recordemos que el gabinete de Juárez es el mejor que hemos tenido en toda nuestra historia. Eran políticos inteligentes, patriotas y honrados, “hombres que parecían gigantes”, que tuvieron las convicciones y el arrojo para restaurar la República, consumar la segunda independencia de la nación y reformar la vida pública de México.
Nos inspiramos también en Francisco I. Madero, apóstol de la democracia, un visionario, un hombre bueno traicionado por rufianes.
Y, desde luego, nos inspiramos en la política popular y patriótica del general Lázaro Cárdenas que fue, sin duda, el mejor presidente de México en el siglo XX.
De modo que no es el pragmatismo el que nos mueve y mucho menos la ambición al poder o al dinero. Por eso, con mucha firmeza, defendemos, junto con muchos otros, y postulamos un proyecto alternativo de nación distinto y contrapuesto al que se ha venido imponiendo.
No aceptamos que el gobierno siga siendo un comité al servicio de una elite. No aceptamos la fórmula de privatización de ganancias y de socialización de pérdidas, como sucedió con el Fobaproa. No aceptamos el truco de llamar populismo o paternalismo a lo poco que se destina a los pobres y calificar de fomento o rescate a lo mucho que se entrega a los privilegiados.
Tampoco aceptamos, bajo ninguna modalidad, la privatización de la educación pública, de la seguridad social, del patrimonio cultural, de la industria eléctrica ni del petróleo.
Por todo lo anterior, les doy mi palabra que no traicionaré mis principios ni la confianza de muchos mexicanos que creen y luchan por una sociedad mejor, más justa e igualitaria.
Siempre he sido congruente. Estoy acostumbrado a actuar como pienso y a cumplir lo que prometo. Por eso asumo, para empezar, estos compromisos de manera responsable.