El salario mínimo fue instituido para
garantizar que los trabajadores mexicanos pudieran
satisfacer sus necesidades más elementales,
incluyendo la educación básica
de sus hijos. En este sentido su diseño
implicaba que este se definiera en función
de una canasta mínima de bienes y servicios.
Sin embargo a lo largo de los años el
poder adquisitivo del salario mínimo se
ha deteriorado de manera continua.
Como se puede ver en
la siguiente gráfica
el punto más alto del salario mínimo
se alcanzo en 1976, de hecho, a pesos constantes,
el salario mínimo prevaleciente al día
de hoy es prácticamente un cuarto de
lo que representó en ese año.
Tan sólo en los últimos díez
años la pérdida acumulada es
de 7.7 por ciento.
 |
Click
para ver imagen
|
En este sentido
el salario mínimo ha
dejado de satisfacer su propósito original,
a sus niveles actuales (45.2 pesos por día)
no sirve ya para satisfacer las necesidades
básicas de una familia.
El panorama es aún más desolador
si observamos la distribución salarial
de los trabajadores mexicanos. De acuerdo con
cifras del INEGI y la Secretaría del
Trabajo y Previsión social, el 15.46
por ciento de la población ocupada (6
millones 507 mil personas) ganó menos
de un salario mínimo en 2004, mientras
que el 22.74 por ciento (9 millones 569 mil
personas) ganó entre uno y dos salarios
mínimos. En conjunto, poco más
de 16 millones de personas subsisten con menos
de 3 mil pesos al mes, condición evidente
y claramente contraria a la opinión
ampliamente difundida de que ya a nadie se
le remunera con el salario mínimo.
Por lo anterior, resulta
apremiante revertir la pérdida de valor adquisitivo del
salario mínimo. En concreto, se buscará garantizar
que las revisiones al alza del salario mínimo
sean superiores a la inflación.
|