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Martes, 16 de Marzo de 2010
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Respetaremos la autonomía del Banco de México. Mantendremos equilibrios macroeconómicos, es decir, habrá una adecuada política monetaria y disciplina en el manejo de la inflación y el déficit público.

 

Autonomía del Banco de México
 

La autonomía del Banco de México quedó establecida por su Ley Orgánica de 1993, misma que acota las operaciones de crédito interno al Gobierno y a la vez le impone el mandato de “procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda”. Dicho mandato nunca fue hecho más específico, pero se entiende generalmente que no es un mandato absoluto, sino relativo. Si fuera absoluto, el Banco tendría que adoptar una meta de tasa de inflación de cero, objetivo que en la práctica es imposible para cualquier autoridad monetaria en el mundo, excepto en episodios de deflación y depresión económica.

Después de los lamentables hechos que vulneraron la buena política monetaria y cambiaria ocurridos en 1993-94, apenas poco después de aprobada por el Congreso la nueva ley, quedó una gran lección tanto para el Banco como para el gobierno federal. Esa lección es que la mejor garantía para una política monetaria sana es no permitir la mezcla de intereses individuales y de grupos con los intereses de las instituciones frente al mandato de la ley y los intereses nacionales.

Nuestra Propuesta

Nuestra propuesta es coadyuvar de manera armoniosa con la continua modernización operativa de la política monetaria para facilitar la incorporación de metas de control de la inflación así como de mantenimiento del crecimiento económico sustentable, como lo tiene la política monetaria de nuestro principal socio, los Estados Unidos, plasmada en el mandato de la Reserva Federal.


Equilibrios Macroeconómicos

Nos proponemos mantener los equilibrios macroeconómicos y para ello tener un manejo responsable de la política fiscal y de los déficits públicos con una visión no sólo de corto plazo, sino de mediano plazo. Esto nos permitirá visualizar oportunamente tanto los riesgos como las oportunidades y consecuentemente las políticas que deben adoptarse en el corto plazo para asegurar el cumplimiento de metas en el tiempo.

La Definición Estrecha de la Estabilidad Macroeconómica

México ha seguido desde principios de los 1980s una definición estrecha del concepto de estabilidad macroeconómica. Por ésta se ha entendido la obtención de una baja tasa de inflación y un bajo déficit fiscal. Éste último se ha sujetado, incluso, a una meta de menos de medio punto del PIB, mucho más baja que el de otros países emergentes y de la mayoría de los países avanzados.

El marco anterior se basa en la noción de que el logro de baja inflación y bajos déficits traerá en sí mismo la reanudación de la inversión privada y eventualmente el crecimiento y el empleo.

Sin embargo, la evidencia ha mostrado que ni el crecimiento sostenible ni mucho menos el empleo se han materializado a pesar de haber puesto en ejecución cuatro grandes programas de estabilización (1983, 1985-86, 1988 y 1995) y otro más basado en medidas restrictivas del crecimiento de la demanda en 2001. Más bien la evidencia sugiere que cuando hemos abusado de las políticas restrictivas creamos tales distorsiones (como tasas de interés demasiado altas y sobrevaluación cambiaria) que a la larga han acabado en crisis peores que las que inicialmente se intentaban remontar con el agravante de aumentar los problemas de la economía a futuro – de ahí el aumento vertiginoso de la deuda pública en tres décadas caracterizadas por numerosos intentos de estabilización --.

Así, el crecimiento promedio del PIB por habitante resultó ser cero entre 1983 y 2003. Hubo crisis a partir de políticas de estabilización en 1985-86, 1988 y 1994 con grandes devaluaciones y una secuela de mayor endeudamiento público, incluido el Fobaproa, el rescate carretero, las pérdidas de la banca de desarrollo y muchos otros problemas fiscales. En el periodo 2001-2003 el estancamiento de la economía se reflejó en un crecimiento anual de sólo el 0.7% en el PIB.

En contra de las mejores prácticas de manejo macroeconómico, el gobierno ha mantenido el costo de estos quebrantos fiscales fuera de la contabilidad presupuestal. Por esa razón la medición oficial del déficit fiscal está muy por debajo de la cifra real. Ello explica que haya introducido el concepto de “Requerimientos Financieros del Sector Público” (RFSP) como la magnitud que cada año requiere el sector público para cubrir sus operaciones, que asciende a casi 3% del PIB.

México tiene entonces dos contabilidades fiscales; una que representa el déficit fiscal que llega a menos de medio punto del PIB pero que a estas alturas es una ficción; y la otra que representa los RFSP. En cualquier país del mundo estas dos categorías se igualan, pues el déficit es exactamente lo que el sector público debe financiar en el mercado. Sin embargo, en México, los dos últimos gobiernos han tolerado esta anomalía, misma que es nuestro propósito corregir.

Por otra parte, el actual modelo económico ha privilegiado la búsqueda de la estabilidad, pero al hacerlo no ha podido mantener el crecimiento. Esto es porque al querer reducir sus RFSP en el corto plazo, generalmente causa que la demanda agregada se debilite, pues ello causa una reducción de las utilidades del sector privado. Las empresas deben entonces obtener más créditos para suplir sus menores recursos y mantener así sus programas de inversión, pero eventualmente se desaniman ante la caída del mercado sin visos de mejoría y ante el aumento en el costo del crédito. El modelo actual no ha prestado suficiente atención a los efectos negativos que tienen sus políticas estabilizadoras sobre el sector privado y de ahí la falta de dinamismo de la inversión y de crecimiento.

Nuestra Propuesta de Estabilidad

En nuestra propuesta es esencial controlar la inflación y tener bajos déficits, pero también mantener el crecimiento y no generar desaliento o pesimismo en el sector privado con la aplicación de políticas de estabilización. Para ello debemos ser mucho más cuidadosos con la aplicación de la política fiscal como instrumento de ajuste. En particular, procuraremos que cualquier reducción de los déficits fiscales se haga preferentemente con reducciones de gasto y no con reducciones de la inversión pública, mucho menos por periodos tan prologados como los que ha sufrido ésta en los últimos veinte años.

Nos proponemos de entrada lograr una reducción en el gasto burocrático y al mismo tiempo aumentar el gasto social y de inversión. Una reasignación de recursos de gasto corriente hacia inversión mejorará significativamente los fundamentos económicos de México y una vez que sea visible y dé impulso tangible a un crecimiento más sano, mejorará las expectativas. Por una parte, el mayor volumen de inversión pública atraerá a la inversión privada, pues contribuirá a que mejore su eficiencia. Por otra parte, mejorará el clima de negocios, el empleo y la convivencia social.

La reasignación del gasto también encierra una mejora en la calidad del crecimiento, pues se reducirá el costo de la administración. Con la reasignación se cancelarán gastos que no resultan ni en mayores bienes físicos ni en mayor bienestar social y aumentarán otros que generarán producción de bienes y bienestar social. El aumento del gasto social mejorará la cohesión social y el bienestar familiar.

La política económica mantendrá entonces los equilibrios macroeconómicos y afianzará el sustento del crecimiento en el mediano y largo plazos. Eso hará a México de nuevo un lugar atractivo para invertir tanto para el mercado interno como para el mercado de exportación.

ANEXO


Ley del Banco de México 11 kb.

Objetivos 5 kb.




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