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Lunes, 13 de Octubre de 2008
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Reordenaremos la deuda pública. Empezaremos por transparentar el monto real de la deuda, haciendo a un lado la doble contabilidad: oficialmente, sólo se reconocen 150 mil millones cuando, en realidad, la deuda asciende a 273 mil millones de dólares. Además, la simulación implica pagar intereses más altos.

 

Transparentar la Deuda Pública
 


Al primer trimestre del 2005, la deuda neta del sector público ascendió a 3 billones 260 mil 322 millones de pesos o 43.3% del PIB, de acuerdo con el informe sobre la Situación de la Finanzas Públicas, de la Secretaría de Hacienda y Crédito público.

La deuda neta total se ha incrementado durante la presente administración en 940 mil 641 millones de pesos. En el año 2000 cada mexicano debía al nacer 23,058 pesos y para el primer trimestre del 2005 cada mexicano debe 30,312 pesos. La deuda per capita de los mexicanos se ha incrementado en 7,254 pesos en lo que va de esta administración.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su articulo 73 fracción VIII, establece como una facultad exclusiva del Congreso sentar las bases sobre las cuales el Ejecutivo Federal puede celebrar empréstitos sobre el crédito de la Nación.

El mismo ordenamiento establece que es el Congreso de la Unión el único Poder facultado para aprobar la deuda pública, para reconocerla y por lo tanto para mandarla pagar.

Para regular la aplicación de este mandato constitucional, el 31 de diciembre de 1976 se publicó la Ley General de Deuda Pública. Entre otros señalamientos queda claramente definido el papel que jugarán el Congreso y el Ejecutivo Federal en materia de deuda pública.

Sin embargo, el 21 de diciembre de 1995 se hicieron enmiendas a la Ley General de Deuda Pública estableciendo un nuevo concepto denominado “deuda contingente” o “pasivos indirectos”. Esta sutil, pero significativa modificación, ha resultado en que el Ejecutivo Federal salve el requisito de la aprobación del Congreso para varias categorías de endeudamiento.

Bajo la modalidad de los “pasivos contingentes” se han llevado a cabo operaciones de endeudamiento de la economía sin apego riguroso al espíritu del mandato constitucional.

Infortunadamente, la mayor parte de este endeudamiento fue incurrido con el objeto de rescatar empresas fallidas, es decir proyectos de capital de riesgo asumido en principio por inversionistas privados. En última instancia, sin embargo, estos inversionistas recurrieron al apoyo del gobierno para compensar pérdidas de sus empresas y evitar la bancarrota. El gobierno ejecutó así el rescate de los bancos comerciales y las empresas concesionarias de carreteras. La deuda contingente también incluye la cartera vencida de la banca de desarrollo que también representa créditos a empresas y la deuda incurrida por el sector energético para financiar proyectos de inversión.

Estos últimos empréstitos han sido bajo la forma de Proyectos de Inversión con Impacto Diferido en el Registro del Gasto Público (Pidiregas).

La aplicación de la categoría de deuda “contingente” ha facilitado así la acumulación con cargo a la Nación de deudas de múltiples orígenes y tipos de manera poco cuidadosa, cuando en realidad dicha deuda encierra graves conflictos. Éstos pueden ser de orden moral, por ejemplo la socialización de las pérdidas y la privatización de las ganancias en el caso de los bancos que luego de ser rescatados fueron vendidos a extranjeros a precios más altos que lo que costaron a sus accionistas. Los conflictos también pueden ser de orden técnico, es decir pagar más en intereses por una deuda que a final de cuentas es deuda pública y que sin embargo representa una carga en intereses superior a las carga de la deuda soberana.

La deuda “contingente” ha adquirido tal peso en los pasivos de la nación que no es concebible que se clasifique aparte de las obligaciones soberanas cuando esta clasificación entraña mayores costos en intereses. Es entonces imprescindible desentrañar las razones por las cuales no ha estado consolidada hasta ahora y explicarlo así a la opinión pública y al Congreso. Asimismo, debe consolidarse con el resto de la deuda pública para procurar un ahorro en el costo de los intereses.

De la deuda pública total al cierre de marzo de 2005 por $3 billones 260 mil 322 millones de pesos, el 47% es ($1 billón 536 mil 236 millones de pesos) son “pasivos contingentes”, mismos que no han contado con la aprobación explícita del Congreso.

La deuda interna presupuestaria, es decir la deuda directa “oficialmente reconocida”, según la Secretaría de Hacienda, es de $942,185.3 millones de pesos. La deuda interna no presupuestaria o “contingente” (Rescate Carretero, IPAB, Pidiregas y Banca de Desarrollo) ascendió a $1 billón 724 mil 086 millones de pesos.

En el caso de la deuda contingente interna, destacan los pasivos del IPAB que ascendieron a 675,733.4 millones de pesos y los derivados del rescate carretero (FARAC—Fideicomiso de Apoyo al Rescate Carretero), que ascendieron a 157,892.0 millones de pesos.

La deuda externa “contingente” fue de $451 mil 714.2 millones de pesos en adición a la deuda externa presupuestaria de $781,900.8 millones de pesos. En esta categoría destacan los pasivos externos derivados de los Pidiregas, por $392, 897 millones de pesos. Puede apreciarse la magnitud de estos pasivos, es decir el 50% de la deuda externa presupuestal.

Así, de los $30,312 pesos que cada mexicano adeudaba en marzo; $6,353.5 pesos son por concepto del rescate bancario, $4,107.6 pesos por Pidiregas, $1,748.6 pesos por el quebranto de la banca de desarrollo, $1,491 por el rescate carretero y $354.1 pesos por los programas de apoyo a deudores que forman parte del paquete del rescate bancario, pero que siempre se han clasificado como una partida aparte.

En suma, de los $30,312 pesos que cada mexicano debe, $16,656.6 pesos son deuda presupuestal contraída directamente previa aprobación del Congreso, y $14,455.4 son deuda contingente.

Cada mexicano debe $18,925.7 pesos de obligaciones internas y $11,386.3 pesos de obligaciones externas. Como se ilustra en el Cuadro I abajo

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Así, el nuevo gobierno heredará una deuda total de aproximadamente $3 billones 600 mil millones de pesos. Sus programas de desarrollo y gasto de inversión serán altamente vulnerables al comportamiento de las tasas de interés nacionales e internacionales, dada la fuerte presión que una deuda tan grande ya ejerce sobre las finanzas públicas.


La Necesidad de Transparentar la Deuda

Cualquier gobierno está impedido de obligar a sus ciudadanos a pagar más impuestos si los ciudadanos no tienen información de qué va a hacer con ese dinero y ese es precisamente el papel que juega el Congreso en la aprobación de cualquier solicitud de endeudamiento y de cambio de impuestos. Por eso es necesario transparentar, el monto, el origen, la estructura y la composición de la deuda contingente como requisito indispensable para reconstituir la confianza pública y para conocer y enfrentar la verdadera carga fiscal de su servicio.

En la actual definición de las autoridades sobre el balance fiscal tal y como se muestra en los Criterios Generales de Política Económica cada año, dicho balance es la diferencia entre el Ingreso Presupuestal y el Gasto Presupuestal. Como parte de este último están los intereses de la deuda presupuestal, pero no los de la deuda no presupuestal o contingente.

Por ello la Secretaria de Hacienda desde el año 2000, utilizó el termino Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP), para incluir el cálculo de los costos del servicio de toda la deuda, incluyendo la contingente, pero distinguiendo la suma resultante de la del déficit fiscal presupuestal. En realidad en cualquier otro país del mundo los RFSP siempre se igualan con la suma del déficit fiscal.

Así, en el año 2000 el balance fiscal proyectado en el Presupuesto de Egresos fue de $77 mil 400 millones de pesos, pero los RFSP fueron de $264 mil millones de pesos. Al no estar esta suma explícita en el Presupuesto, no hay ninguna claridad sobre el origen de los recursos que financian estos costos. Es un hecho, sin embargo, que dichos recursos no pueden más que provenir de las contribuciones de los mexicanos, pero éstos no saben cómo ni en dónde se han aplicado.

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La Carga Fiscal de la Deuda:

De acuerdo con los últimos Presupuestos de Egresos de la Federación el costo financiero de la deuda representa 3.0% del gasto neto total e incluye los intereses que genera la deuda interna y externa presupuestal, incluidos los Organismos y Empresas del Estado (principalmente Pemex). Desde el rescate bancario, el Presupuesto incluye el componente real de los intereses de la deuda causada por el rescate bancario y los pagos de Pidiregas. Se excluyen del Presupuesto, sin embargo, los costos del servicio de la deuda por el Rescate Carretero, y por la Banca de Desarrollo.

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La carga fiscal de la deuda pública ha obligado a las finanzas gubernamentales a sacrificar gasto en inversión productiva para hacer frente al servicio de la deuda.

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La Deuda Contingente:

Una deuda contingente es en todo momento un pasivo que está sujeto a la ocurrencia de un suceso eventual, por lo cual su cumplimiento es incierto.

En virtud de su indeterminación, los pasivos de esa naturaleza no se contabilizan propiamente como deuda, aunque siempre se debe informar sobre ellos en las cuentas de orden de un balance general o en notas a los estados financieros.

Esta deuda, como ya lo señalamos arriba, esta conformada principalmente por:

  1. Pidiregas;

  2. Obligaciones del Rescate Carretero (FARAC)

  3. Deuda incurrida en el rescate bancario (FOBAPROA-IPAB);

  4. Pasivos de la Banca de Desarrollo

  5. Programa de Apoyo a Deudores, que fue una variante del rescate bancario, ofreciendo apoyo directo a deudores a condición de que cumplieran sus obligaciones con la banca, de tal manera que este concepto podría incluirse como parte del (2) arriba.

Con frecuencia se menciona a la deuda de los sistemas estatales de pensiones como deuda contingente. Esto es correcto, pero no así que su monto se estime únicamente a partir de las obligaciones proyectadas a futuro, sin calcular también el flujo de ingresos de contribuciones, el cual requeriría de una proyección del empleo.


La Operación de Transparentar la Deuda y Tratar de Reducir el Costo de su Servicio

Como principio, en el Proyecto Alternativo nos proponemos transparentar la deuda contingente, sumarla a la deuda presupuestal y luego proceder a examinar formas para reducir su costo, ya sea alargando los plazos de vencimiento, reemplazando deuda en pesos por deuda en dólares o refinanciándola mediante otros pasivos.

Para transparentarla cada tramo de deuda debe tratarse por separado, pues el origen de estas obligaciones es distinto según se trate de la deuda de Fobaproa-IPAB o de los otros conceptos de pasivo. La operación de transparentarla será compleja y deberá satisfacer las normas legales.



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