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Antecedentes
Tras la crisis financiera
de 1994-1995, la economía mexicana sufrió una
severa contracción del crédito
de la cual hasta la fecha, diez años
después de esa crisis, aún no
se ha repuesto. Con el fin de capitalizar a
los bancos, el estado echó mano de dos
soluciones: el rescate del Fobaproa y la venta
de la mayoría de los bancos del sistema
a instituciones extranjeras, las cuales, a
través de los años, y a costa
de un carga equivalente a 14 por ciento del
PIB, lograron restituir los niveles de capitalización
y salud financiera de las instituciones bancarias.
A pesar de que los
bancos en el país
presentan ahora sólidos niveles de capitalización,
la función primordial de la banca, esto
es, la de servir como mecanismo de transmisión
entre el ahorro y la inversión mediante
el crédito, se encuentra aún
muy lejos de los niveles observados antes de
la crisis de 1994-1995, y de los estándares
de países de mediano desarrollo.
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La más
reciente Encuesta de Evaluación
Coyuntural del Mercado Crediticio, al 1er trimestre
de 2005, muestra que sólo el 19.3 por
ciento del financiamiento recibido por las
empresas proviene de la banca comercial, siendo
la mayoría del financiamiento (59.9
por ciento), proveniente de proveedores. La endeble intermediación bancaria
prevaleciente en el sistema implica que las
empresas medianas y pequeñas, que son
las que generan el grueso del empleo del país,
no desarrollen su potencial de crecimiento,
y con ello, el crecimiento del producto interno
per cápita del país se encuentre
estancado.
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Muestra de
esto, es que como porcentaje del PIB, la intermediación bancaria en México
se encuentra por debajo de países de
desarrollo comparable, y es incluso inferior
al que presentan Haití y Guatemala.
Caracterización
de la Banca Comercial
Como resultado del
proceso de fusiones y adquisiciones que experimentó la banca en México
a partir del año de 1995, mediante el
cual la banca extranjera se hizo de la mayor
parte del sistema de pagos del país,
el sector bancario en México se configura
por seis bancos con presencia nacional, los
cuales están en facultades y capacidad
de proporcionar toda la gama de servicios bancarios
a las empresas e individuos.
BBVA Bancomer |
24.91 |
Banamex-Citigroup |
21.20 |
Santander Serfín |
15.59 |
HSBC |
9.98 |
Banorte |
7.75 |
Scotiabank Inverlat |
5.13 |
Paralelo a los grandes
bancos, los cuales concentran más del 85 por ciento de
la captación y la cartera de créditos
del país, se encuentra un conjunto de
bancos de mediano y pequeño tamaño,
los cuales se basan en un nicho de mercado
(IXE, Bx+), o están ligados a grupos
empresariales locales (Inbursa, Interacciones,
Afirme) y algunos, tienen un carácter
regional (Bansi, Banco del Bajío).
| Inbursa |
4.10 |
Banco del Bajío |
1.28 |
Banco Azteca |
1.23 |
Ixe Banco |
0.53 |
Afirme |
0.47 |
Interacciones |
0.35 |
Banco Regional de Monterrey |
0.32 |
Banco Mifel |
0.23 |
Bansi |
0.12 |
Banco Ve Por Más |
0.09 |
La Banca Regional Actual
Del actual universo
de la banca comercial en el país, sólo tres bancos
podrían caracterizarse como “bancos
regionales”: Bansi, que opera en el centro-occidente
del país; Banco Regional de Monterrey,
con presencia en Nuevo León, Tamaulipas
y en menor medida, Coahuila; y el Banco del
Bajío. En el caso de Afirme, con presencia
en Nuevo León y Michoacán, su
carácter regional tiene que ver con
su liga a un grupo empresarial (GAN), y una
industria (Siderúrgica) que se encuentran
concentrados en esas dos regiones del país.
A nivel de entidades,
la necesidad de una banca regional es evidente:
mientras que en
el Distrito Federal, que concentra 40 por ciento
de la captación, y recibe el 66 por
ciento de los créditos de la banca comercial,
la mayor parte de las entidades del país
captan más de lo que reciben en créditos,
con las excepciones de Nuevo León e
Hidalgo, entidades que, como el DF, son receptoras
netas de crédito. Una banca regional
ayudaría a equilibrar el desbalance
regional entre captación y crédito
otorgado.
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Estos “bancos
regionales” sin embargo,
deben su naturaleza no a una estrategia deliberada
por parte de la política económica
federal, sino a la dinámica empresarial
particular de algunas regiones del país,
y operan bajo las mismas reglas y restricciones
que cualquiera otra institución financiera
del país. Una política explícitamente
orientada al fomento de la banca regional tiene
entonces dos alternativas: construir a partir
de los bancos regionales existentes, o buscar
una nueva estructura de bancos regionales (modelada
por ejemplo, en la que existió en Brasil
y permanece en Alemania).
¿ Por
qué y para qué ?
La banca regional tiene
una desventaja clara frente a los bancos
de presencia nacional:
su base de captación se encuentra limitada,
y la profundidad de la misma depende de las
características de la región.
Sin embargo, tiene ventajas importantes: los
bancos conocen a las empresas locales, y por
ello los costos de operación (investigación,
mantenimiento del historial crediticio de sus
clientes) son menores para estos bancos que
para la banca múltiple nacional.
La ventaja de este tipo de banca, radica en
que la cercanía de la banca regional
con las empresas locales, implica que las decisiones
de crédito sean tomadas por funcionarios
que conocen a las empresas de la región,
y además, que el centro de decisiones
otorga el financiamiento de manera expedita,
lo que no ocurre con la banca de presencia
nacional, en donde en algunos casos, las decisiones
de crédito más importantes son
tomadas en el extranjero, con base en la estrategia
global del banco.
Beneficios y Crecimiento del Crédito
Tal cercanía entre la base de accionistas,
la gerencia de los bancos, y sus clientes,
se traduce en un mejor conocimiento de los
riesgos asumidos por la institución
financiera, y en principio, en un mejor manejo
de los mismos. Tal interacción debe
de utilizarse para reactivar la intermediación
bancaria en el nivel de la micro y pequeña
empresa regionales, que es en donde la banca
con presencia nacional no ha reactivado el
crédito.
Existe sin embargo,
un riesgo inherente a la banca regional,
consistente en que las empresas
locales y los consejos de los bancos podrían
enfrentar conflictos de intereses y estar propensos
a otorgar créditos relacionados. Una
regulación apropiada y un monitoreo
eficiente de los mismos, junto con la posibilidad
de que Nafin formara parte de tales directorios,
evitaría que este tipo de bancos llevara
los activos relacionados a niveles que pudieran
poner en riesgo el capital neto del banco.
Es necesario, por otra
parte, que las reglas de clasificación y de operación
de los bancos regionales sean muy claros (los
depósitos y cartera deben de provenir,
en un porcentaje mínimo, mayor al 51
por ciento, de la región), con el fin
de no proveer facilidades a bancos de presencia
nacional.
Nichos de Especialización e Impacto
de Largo Plazo
Un banco regional tiende,
por definición,
a tener una concentración de su captación
y de su cartera, en un solo sector o área
geográfica, mayor a la de un banco de
presencia nacional, por ello, una política
que busque incentivar el desarrollo de este
tipo de banca, deberá de coadyuvar a
reducir los obstáculos que presentan
estas limitantes.
Por el lado de la captación, la banca
regional podría incentivarse facilitándole
el acceso al fondeo mediante menores comisiones
(por ejemplo, menores tasas de impuesto retenido,
o menores comisiones para el IPAB) en los papeles
que emite para fondearse, con lo cual se abarataría
el costo de captación de los mismos.
La banca regional podría también
fondearse con la banca de desarrollo, en particular
con Nafin, cuyo costo de captación es,
en principio, más eficiente. Nafin podría
utilizar también sus Fondos de Garantía
para abaratar el fondeo de los bancos regionales,
cobrándoles una tasa menor a la de mercado.
En lo que respecta
a sus activos, la concentración
de los mismos en un área geográfica
y/o en un número reducido de sectores
de actividad, incrementa el riesgo de la cartera
de los bancos regionales, y eleva el costo
de financiamiento final para las empresas.
Con el fin de reducir tales riesgos, y abaratar
así los costos de financiamiento, se
debe llevar a cabo una política que
reduzca las reservas que este tipo de bancos
debe de mantener para sus activos (el diferencial
entre ese coeficiente de reservas, y el promedio
para el resto de la banca puede ser financiado
por Nafin). Paralelamente, se debe de incentivar
la activación de un mercado secundario
para este tipo de carteras (mediante un menor
impuesto retenido a los títulos emitidos
amparados en las mismas) con el fin de reducir
los costos de manutención de los activos.
La especialización de los bancos regionales
será determinada entonces, por la región
que cubra, y por tanto, los riesgos y oportunidades
serán particulares a cada uno de ellos,
a diferencia de la banca con presencia nacional,
cuyo riesgo es una mezcla (un promedio) de
su exposición nacional. Por lo anterior,
es necesario que Nafin, en tanto banca de segundo
piso, sea una intermediaria que disminuya el
riesgo de los bancos regionales y los mezcle
para así promediar los riesgos de cada
región con su cobertura nacional. La
participación de Nafin puede abarcar
desde financiar a la banca regional su coeficiente
de reservas mediante la compra de emisiones
subordinadas de los bancos regionales, hasta
el uso de sus Fondos de Garantía.
Una red de bancos regionales
sería
en el largo plazo, una herramienta para el
financiamiento a la pequeña y mediana
empresa al nivel local, una alternativa de
ahorro para los habitantes de esas regiones,
y al mismo tiempo, siempre y cuando se mantengan
estrictas reglas de capitalización,
una base para el desarrollo del sistema bancario
nacional, en la línea de lo que la banca
regional en Brasil (Banespa, BMG) llegó a
significar.
En suma, el Gobierno
Federal a través
de la Secretaría de Hacienda otorgará las
concesiones que sean necesarias para desarrollar
esta red de bancos regionales, cuidando que
los concesionarios sean personas de verdadera
solvencia moral.
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