1.
Comportamiento de la Inversión Pública
Durante los últimos cuatro años
la inversión pública ha representado
entre el 10 y el 11 por ciento del gasto neto
total del sector público. Para el 2003
está por debajo del nivel registrado
en el año 2000. Como porcentaje del
PIB, el gasto en inversión pública
es de apenas el 2.7 por ciento.
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2. Comportamiento
de la Inversión
Privada
En el caso de la inversión privada,
si tomamos como referencia el indicador de
la inversión fija bruta que elabora
el INEGI, observamos que apenas supera los
niveles registrados en el año 2000.
De los dos componentes que se manejan, es el
de la inversión en construcción
el que observa un crecimiento constante a partir
del año 2002. No es el caso de la inversión
fija en maquinaria y equipo que muestra una
caída en el periodo 2000-2003.
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3.
Relación
entre Inversión Pública
y Privada
Una visión tradicional y dogmática
ve a la inversión pública como
un sustituto de la inversión privada.
Así, se percibe que la inversión
pública desplaza a la inversión
privada y que compite con ésta por los
recursos financieros disponibles. Según
este análisis, la influencia de la inversión
pública en la inversión privada
se daría fundamentalmente a través
de la tasa de interés. En este sentido,
un aumento de la inversión pública
conduciría a aumentos en la tasa de
interés, lo cual eventualmente llevaría
a una reducción equivalente en la inversión
privada. Esta situación se conoce como
el “efecto desplazamiento” (crowding
out) y forma parte de algunos modelos macroeconómicos
simples. Por supuesto, este análisis
es relativamente simplista y requiere de una
serie de supuestos que no necesariamente se
cumplen en la realidad. Más aún,
este análisis omite aspectos cruciales
de la realidad económica: por ejemplo,
este análisis no considera el efecto
de los aumentos en la infraestructura sobre
la productividad de otras inversiones, y también
omite el papel de la inversión pública
como prerrequisito para la inversión
privada en otros sectores.
Nuestra propuesta
parte de una visión
muy distinta a la percepción tradicional.
Es decir, nosotros partimos de la premisa de
que la inversión pública no es
sustituta sino que es en muchos casos complementaria
de la inversión privada. Más
en general, nosotros partimos de la necesidad
de una mayor complementariedad entre la inversión
pública y la privada. En particular,
nosotros supondremos que hay al menos 2 posibles
aspectos de la relación entre estos
dos tipos de inversión que deben ser
considerados para lograr que los recursos disponibles
mediante el ahorro puedan tener un mayor efecto
en la producción nacional y en el bienestar
de los mexicanos. Estos aspectos son los siguientes:
- La inversión
pública como
complementaria de la inversión privada.
- El papel regulador
del Estado como un instrumento para reducir
la incertidumbre de la inversión
privada.
1.
La Inversión Pública como
Complementaria de la Inversión Privada
Este
aspecto enfatiza el papel coadyuvante de
la inversión pública sobre
la inversión privada. Existen al menos
dos aspectos en este sentido que deben ser
considerados. En primer lugar, la inversión
pública debe preceder a la inversión
privada en distintas áreas, por lo que
la primera funciona como un elemento de “arrastre” para
la segunda. Por ejemplo, en algunas áreas
como el turismo, el gobierno primero debe invertir
y generar condiciones propicias para atraer
a la inversión privada. Esto es muy
importante tanto en aspectos de infraestructura
básica (agua, electricidad, drenaje,
etc.), como en aspectos de infraestructura
productiva (puertos, aeropuertos, carreteras,
etc.). Más aún, este tipo de
participación activa y previa por parte
del Estado es muy importante en todas las áreas
en donde es necesario que prevalezca la rectoría
económica del Estado. Así, el
diseño e inversión originales
en este tipo de proyectos parten del Estado
y tienen como objetivo generar las mejores
condiciones para que la inversión privada
pueda concurrir libremente en busca de sus
propios objetivos.
El segundo aspecto
a considerar en este sentido, es el papel
de cierto tipo de infraestructura
como estimulo a la inversión privada.
Así, por ejemplo, la provisión
de cierta infraestructura productiva en áreas
como las comunicaciones y telecomunicaciones,
se convierten en aspectos fundamentales para
promover la inversión privada, ya que
potencian y materializan ciertas condiciones
propicias para un mejor rendimiento de las
inversiones privadas.
2.
El Papel Regulador y Supervisor del Estado
como Instrumento
para Reducir la Incertidumbre
de la Inversión Privada.
Existen muchas áreas en donde el Estado
podría participar activamente como inversionista
y rector de la actividad económica y
que, debido a la magnitud de la inversión
necesaria, a la escasez de recursos disponibles
o a la falta de incentivos apropiados, el Gobierno
debe promover, alentar y, en algunos casos,
garantizar la participación del sector
privado. En este aspecto se incluyen áreas
como la provisión de infraestructura
básica como carreteras, puertos, aeropuertos,
etc. En este sentido, el papel del gobierno
es crucial como un ente regulador que garantice
condiciones apropiadas para la concurrencia
de la inversión privada. Aquí es
importante que el Estado intervenga reduciendo
la incertidumbre asociada a este tipo de proyectos
para la inversión privada, procurando
no llegar al extremo de garantizar rendimientos
específicos ni generando incentivos
para la simple transferencia de beneficios
extraordinarios al sector privado.
Propuesta
Nuestra propuesta es
hacer una amplia convocatoria a la inversión privada en grandes proyectos
de desarrollo para los cuales el Estado abrirá el
camino mediante la desregulación, eliminación
de barreras a la inversión y definición
de prioridades, así como lo hicimos
en el Proyecto de Rescate del Centro Histórico
de la Ciudad de México.
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